DUNAS DE ERG CHEBBI
En
las cercanías del pequeño oasis de
Merzouga las dunas de Erg Chebbi, surgiendo del
desierto pedregoso,
se colorean de infinitos matices
a la luz del atardecer,
mientras
el cielo va cubriéndose de un nítido
manto de estrellas.
La contemplación
de esta
exhibición
de la naturaleza en estado puro,
es algo que el viajero
no debe perderse.
Como dice Paul Bowles:
«Tanto si es la primera vez que
vas al Sáhara
como si es la décima, lo primero que percibes
de inmediato es el silencio. Si estás
fuera de una población, un silencio increíble,
absoluto, y si no, incluso en lugares bulliciosos
como un mercado, algo callado en el aire. Parece
que el silencio sea una fuerza consciente que
molesta para la intrusión del sonido,
lo reduce al mínimo
y lo dispersa enseguida.
Luego está el cielo,
comparado con el cual todos los demás cielos
parecen intentos fallidos. Cuando se ha disipado toda
la luz diurna y el firmamento está cuajado de
estrellas, sigue siendo un azul intenso y ardiente,
cuyo punto más
oscuro se encuentra en el cenit y va empalideciendo
a medida que se aproxima a la tierra, de manera
que la noche no llega a ser oscura del todo».